lunes, 25 de noviembre de 2013
el adentro y el afuera. en el medio el paisaje. brillando. queriendo ser cuerpo. cerca y grande. y pequeño de tan lejos. mirar por la cerradura y sentir su aire en las pupilas. dejarse invadir. y ya no es uno. ni siquiera dos. la incomodidad de la perfeccion al ser contemplado cobra vida a cada instante. sabor. olor. matices. inmovilizado y decidido a ser donde todavia falta, donde es incomprendido. infinitamente inacabado. mutando lentamente hasta abandonarse en una nueva mirada. o mas de una. ni siquiera dos. siente que hay algo que detener en su manifestacion y reflejo, el miedo a ser mirado. y es su propia ansiedad lo que lo convoca a ser devorado desde adentro sin olvidarse si separa o une al afuera, o es parte. ya nada es inmovil. ya no es nosotros, ni siquiera vacio. todos. es la sombra del afuera. la luz del adentro. sus propios ojos, si es que tiene, ya no ven lo mismo. comodo en la incomodidad de ser paisaje. desde adentro hacia afuera. siendo mas de uno. ni siquiera dos. entregarse. devorarse a si mismo.
sábado, 16 de noviembre de 2013
domingo, 3 de noviembre de 2013
sábado, 2 de noviembre de 2013
viernes, 1 de noviembre de 2013
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| ALDO PELLEGRINI.poeta. argentino.1903-1973 |
La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.
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